Las amenazas a las turberas de Quebec demuestran por qué urge aprobar una ley sobre el ecocidio

Este blog de invitado está escrito por Mathieu Brien, fundador de Carnivorex y del movimiento Sauvegardons la Grande Tourbière de Blainville (Salvemos la Gran Turbera de Blainville).


En Blainville, Quebec (Canadá), se está produciendo un fuerte enfrentamiento entre la protección de los ecosistemas vivos y el avance de los intereses industriales. La aprobación por parte del Gobierno de la ampliación del vertedero de residuos peligrosos Stablex, en el corazón de uno de los complejos de humedales más valiosos de la Comunidad Metropolitana de Montreal, revela una tendencia preocupante: la ecología sigue sacrificándose en aras del beneficio a corto plazo, a pesar de los compromisos climáticos, las advertencias científicas y la movilización ciudadana.

La decisión del Gobierno contradice los compromisos declarados por Quebec en materia de protección de los humedales y la biodiversidad, y ha generado una extraña indignación. 47 académicos han firmado una carta abierta en la que denuncian la decisión como "una tontería", los médicos han dado la voz de alarma y los ecologistas han calificado la medida de "patética". Todos señalan la misma contradicción: mientras Quebec afirma proteger la biodiversidad y reforzar la resiliencia climática, autoriza la destrucción de un ecosistema esencial. Hace tiempo que se debería haber adoptado la prevención y la responsabilidad por este tipo de comportamiento destructivo a través del derecho penal; debemos actuar con urgencia para criminalizar el ecocidio


Un ecosistema milenario marcado por un trauma temprano: el Plan Bouchard

Para comprender la situación actual, debemos mirar hacia atrás. La Gran Turbera de Blainville ya ha sufrido graves daños con anterioridad. La primera gran disrupción se remonta a la Segunda Guerra Mundial, cuando el Gobierno federal estableció, en 1941, el Plan Bouchard: un enorme complejo industrial dedicado a la producción de municiones para esfuerzos bélicos.

Este complejo, uno de los más grandes del país, se extendía a lo largo de varios kilómetros entre Blainville, Sainte-Thérèse y Mirabel. Incluía fábricas de explosivos, depósitos de almacenamiento, zonas de pruebas e infraestructura ferroviaria. La turbera, situada justo al borde del complejo, se vio profundamente alterada por el vertido de residuos, el drenaje, la compactación del suelo y la contaminación generalizada.

Sobrevivió, pero debilitada, fragmentada y vulnerable. Hoy, la historia parece repetirse.

La gran turbera de Blainville.

Un ecosistema milenario amenazado una vez más

El área prevista para la nueva ampliación de Stablex incluye 278 000 m² de humedales, zonas boscosas y hábitats de especies amenazadas. Se encuentra dentro de un corredor ecológico que une dos importantes complejos naturales. Inmediatamente adyacente se encuentra la Gran Turbera, ya debilitada por su pasado industrial.

Y, sin embargo, a pesar de las presiones históricas y contemporáneas, aproximadamente 600 hectáreas de la Gran Turbera de Blainville permanecen intactas.  

Estas 600 hectáreas forman uno de los complejos de humedales más grandes en funcionamiento en la región metropolitana. Proporcionan refugio para:

  • Casi 200 especies de aves  

  • Anfibios y reptiles amenazados  

  • Plantas carnívoras raras  

  • Biodiversidad que ahora es poco común en el sur de Quebec  

  • Un enorme depósito de carbono acumulado a lo largo de milenios.  

Estas 600 hectáreas son la prueba de que el humedal aún respira. Y es precisamente por eso que estamos ejerciendo una presión sostenida y decidida para garantizar un estatus de protección oficial, permanente y robusto.

Esta protección impediría finalmente que los actores industriales siguieran alterando su estado, fragmentándolo, drenándolo o degradándolo con el pretexto del desarrollo económico. Sería un paso histórico, coherente con los compromisos climáticos de Quebec y en consonancia con las mejores prácticas internacionales en materia de conservación.

El vertedero de residuos peligrosos de Stablex.

Una decisión contraria a la ciencia

Los expertos consultados por Le Devoir son unánimes: los humedales son esenciales para reducir las inundaciones y mitigar las islas de calor, proteger la biodiversidad y reforzar la resiliencia climática. La agencia pública de medio ambiente de Quebec, BAPE, recomendó rechazar la ampliación del vertedero. La ciudad de Blainville y la Comunidad Metropolitana de Montreal buscaron la protección de la zona.

A pesar de ello, el Gobierno decidió seguir adelante, llegando incluso a expropiar la ciudad para facilitar el proyecto. Esta decisión ilustra un patrón habitual: cuando la conservación de los ecosistemas se vuelve "inconveniente", se eluden, debilitan o suspenden las leyes ambientales.

Un síntoma de un problema global

Lo que está sucediendo en Blainville no es un caso aislado. Es un síntoma de un problema global: la destrucción deliberada de ecosistemas esenciales en nombre de intereses económicos inmediatos.

Las tensiones internacionales en torno a los residuos tóxicos, documentadas por medios como The Guardian, muestran que la gestión de los residuos peligrosos suele estar impulsada por la lógica comercial más que por la protección de la vida.

La Gran Turbera de Blainville se ha convertido en una de estas zonas de sacrificio.

El ecocidio entra en el debate público

En los últimos años se ha acelerado el impulso para reconocer el ecocidio como delito en todos los continentes. Entre los muchos avances interesantes, la Unión Europea ha incorporado disposiciones relativas al ecocidio en su Directiva sobre delitos medioambientales, y Vanuatu, Fiyi y Samoa han presentado una propuesta formal para tipificar el ecocidio como crimen ante la Corte Penal Internacional, propuesta que ahora también defiende la República Democrática del Congo. Varias jurisdicciones nacionales de todo el mundo también están considerando formalmente la posibilidad de promulgar leyes nacionales sobre ecocidio. 

Como argumenté en un artículo para La Presse, esta evolución jurídica está directamente relacionada con lo que está sucediendo en Blainville. El artículo destaca tres puntos clave:

  • La turbera ya es un símbolo nacional del ecocidio.  

  • La destrucción de un ecosistema milenario encaja perfectamente con la definición que se ha propuesto de ecocidio.  

  • Canadá está peligrosamente rezagada en el establecimiento de protecciones legales.  

En otras palabras: Blainville es un claro ejemplo de por qué el ecocidio debe convertirse en delito.

Movilización: un rechazo colectivo al ecocidio

En respuesta a esta alarmante situación, la movilización ciudadana se está intensificando. A través de Carnivorex y el movimiento Save the Great Peatland of Blainville (Salvemos la gran turbera de Blainville), hemos dado la bienvenida a cientos de personas a la turbera. Muchos descubrieron un paisaje que no sabían que existía. Muchos se quedaron impactados. Muchos decidieron actuar.

Este movimiento no se trata del “síndrome NIMBY”. Es un rechazo colectivo al ecocidio.

Por qué el ecocidio debe ser reconocido como un crimen

El movimiento para criminalizar el ecocidio está cobrando impulso en todo el mundo. Como lo demuestra el ejemplo de Blainville, es necesario un apoyo cada vez mayor, ya que las sanciones administrativas han resultado ser insuficientes como medida disuasoria contra la destrucción del ambiente. Por el contrario, el derecho penal impone sanciones que se ajustan a la magnitud del daño y disuaden de causar mayores impactos a la naturaleza. 

Este mecanismo disuasorio garantiza que los intereses económicos no sean el único factor en los procesos de toma de decisiones, sino que se equilibren con consideraciones ecológicas. Reestructurar las decisiones al más alto nivel es fundamental para garantizar la prevención. Siempre es más fácil proteger la naturaleza que intentar restaurarla después de que se haya producido el daño.

Reconocer el ecocidio como crimen significa proteger a las generaciones futuras, exigir responsabilidades a los tomadores de decisiones y dotar a los ecosistemas de voz jurídica.

Blainville: un símbolo global de lo que está en juego

La Gran Turbera de Blainville no es solo un problema local, sino un símbolo global de lo que está en juego hoy en día. Representa el enfrentamiento entre un modelo económico extractivo y explotador y la urgente necesidad de proteger el mundo viviente.

Debemos enviar un mensaje claro: ya no se tolerará la destrucción deliberada de ecosistemas esenciales.

Debemos reconocer el ecocidio como un crimen y, de una vez por todas, proteger las 600 hectáreas de la Gran Turbera de Blainville que permanecen intactas .

Mientras siga respirando, seguiremos luchando por él y por todos los ecosistemas amenazados del mundo.

Firma la petición: https://change.org/tourbiereblainville 

Página de Facebook del movimiento: https://Facebook.com/tourbiereblainville 

Sitio web del movimiento: https://sgtb.ca

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