
Con motivo del Día Mundial de los Océanos, la reconocida oceanógrafa y conservacionista Sylvia Earle se une a otros líderes mundiales, como el papa Francisco y Jane Goodall, para apoyar el reconocimiento del «ecocidio» como delito internacional, tal y como defiende la ONG internacional Stop Ecocide International.
Por «ecocidio» se entiende, en términos generales, el daño y la destrucción masivos de los ecosistemas, que provocan un perjuicio grave y generalizado o a largo plazo para el medio ambiente natural.
Desde las prácticas pesqueras insostenibles hasta la contaminación química y plástica, pasando por la minería en aguas profundas, el océano está sufriendo las peores consecuencias de este daño.
Earle sabe muy bien lo poco que se tiene en cuenta este problema, ya que lleva décadas siendo testigo del impacto real de la degradación de los océanos, en su calidad de oceanógrafo pionero, explorador y defensor de la causa.
«Debemos proteger el océano como si nuestras vidas dependieran de ello, ¡porque así es!», afirmó Sylvia ayer, durante una charla informal titulada «Proteger el océano a través del derecho penal» celebrada en el Explorer’s Club, en Nueva York.
El evento puso de relieve la iniciativa «Ocean for Ecocide Law», la más reciente de una serie de redes internacionales coordinadas por Stop Ecocide International, una ONG internacional que colabora con políticos, diplomáticos, abogados y figuras influyentes de todos los sectores de la sociedad civil con el objetivo de que el ecocidio se convierta en el quinto delito de la lista del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, junto al genocidio y los crímenes contra la humanidad.
Stop Ecocide International ha impulsado un movimiento mundial en torno a la necesidad de exigir responsabilidades a las personas, las empresas y los gobiernos por sus prácticas medioambientales destructivas, reconociendo que el océano es una parte integral de la naturaleza y debe ser objeto de atención prioritaria y protección.
«Si matas a la naturaleza, también nos matas a nosotros», dijo Sylvia. «El ecocidio es, por así decirlo, un genocidio. Nos ha llevado mucho tiempo llegar a saber lo que sabemos ahora y establecer estas conexiones. Nuestra prosperidad y nuestro éxito como especie se han logrado a costa del consumo de la naturaleza. Pero está claro que hay límites a lo lejos que se puede llegar».
«Tenemos que adaptarnos a la realidad del siglo XXI y a cómo es el planeta hoy en día. ¿No querríamos proteger los sistemas que nos mantienen con vida ahora que lo sabemos? Incluso sin leyes, podemos cambiar nuestro comportamiento. Pero necesitamos las leyes para hacer frente a los comportamientos indebidos, porque basta con un pequeño número de personas para causar muchos problemas a todo el mundo».
La carta abierta sobre los océanos de Stop Ecocide International ya ha reunido 1.500 firmas, entre las que se incluyen varias organizaciones sin ánimo de lucro dedicadas a la protección de los océanos y de gran prestigio, como Sea Legacy, KYMA Sea Conservation & Research, la Fundación Rob Stewart Sharkwater y The Ocean Foundation, así como figuras destacadas en la defensa de los océanos como Cristina «Mitty» Mittermeier, Farah Obaidullah y el capitán Alex Cornelissen, quienes reclaman la protección de nuestros océanos mediante el derecho penal.
«Para garantizar nuestra supervivencia, debemos proteger nuestros océanos a gran escala», afirmó Cindy Forde, autora y fundadora de la plataforma de educación medioambiental Planetari.
Jojo Mehta, cofundador y director ejecutivo de Stop Ecocide International, afirmó : «Estamos encantados de colaborar con algunas de las organizaciones de conservación marina más eficaces y consolidadas del mundo en nuestra nueva red “Ocean for Ecocide Law”. No se trata de castigar, sino de prevenir. Se trata de unir a personas, organizaciones y naciones con la determinación común de establecer marcos jurídicos internacionales que disuadan de los comportamientos más peligrosos y protejan la vida. Juntos, podemos aprovechar el poder del derecho internacional para salvaguardar el océano, el mayor —y a menudo el menos valorado— sistema de soporte vital de nuestro planeta».